L A   Z A R Z A   D E   H O R E B

 

                                                                               Marzo 2006

 

     Recuerdo mi visita breve a ese lugar santo el Monte Sinaí, donde nunca pensé poner mis plantas. Subida en un alto camello en esa noche oscura con los beduinos ayudándome, recorrí parte del trayecto en esa montura, más tarde a pie hasta donde pude.

     El silencio y el alborear fueron mi compañía en ese entorno en donde alumbrándonos con linternas, intentábamos alcanzar el alumbramiento de nuestras conciencias. Yo al menos así lo pensé.

     Hoy recuerdo ese viaje apretando en mis manos ese objeto inerte , una piedra que me traje de ése enorme peñascal.

     Es como si quisiera transportar parte de ése algo desconocidos, pero grande y maravilloso que nos atrae aunque sin comprender tanta magnitud, y veo una zarza ardiendo y entiendo el símbolo de esa historia que acompaña a ese lugar, EL ARDIENTE IDEAL, la Luz, el Amor Incandescente, el que todo lo purifica, la llama que abre las conciencias, las llama y las encumbra, las acoge por millares es una flama única, poderosa, oculta que alimenta la fe, la unión, el paso de la conciencia más libre, más depurada, de otro calibre, caminando o elevándose más alta, más auténtica y veraz.

 

     Es el amor encumbrado a la 7ª potencia, es el aura que sana y encumbra a otras, poderosa y envuelta en ese ansia de progresar, ayuda a otras más rebajadas a sufrir ese cambio o transmutación.

 

     El Vidente del Sinaí, el símbolo más auténtico y veraz que bajó, trajo bajo su manto de profeta y conductor de humanidades, el taumaturgo de todos los tiempos, de todas las edades, de todos los cambios, el más veraz y auténtico de los mensajes.

 

     Escrituras, símbolos, recogidos de otras mentes de alta alcurnia espiritual que dictaron esos mensajes para la incipiente era; que los errores han transformado en ese decálogo incompleto en el que se refunden esas leyes del más alto espíritu que rebajó así su conciencia haciéndose de carne y hueso como nosotros para transponer en ese decálogo el buen sentir, el profundo y respetuoso amor a todo ser, y a esa unidad divina que todo lo provee, lo transforma o transmuta para bien de su pueblo.

 

     El amor encumbrado es el más alto ejemplo de todos los tiempos, la Era de Acuario transformará las conciencias, las ampliará como en mayores campos y amplitud.

 

     El amor que purifica y transforma es la zarza ardiendo que un día más pronto o más temprano arderá en nuestra conciencia por siglos transformándola, purificándola, dándole nuevos bríos y cuya señal imperecedera será el abrirse en conjunto como a una impresión, a un acuerdo, o vítore común, general de una profundidad o eco inconmensurable.

 

     El amor y el abrir de las conciencias vá todo unido, es el cambio mayor, de mayores proporciones que nos espera a todos.

 

     Es el paso del Sinaí en nuestra conciencia particular el compromiso de haberse atado a esta conciencia sublime y sus leyes.

 

     El vítore o canto de gloria imperecedero nos espera al transcurso de los siglos, milenios quizá en el que podamos conseguir alcanzar o elevar nuestra conciencia a un parangón nunca soñado, ni imaginado por ninguna conciencia terrenal.

 

     Espera y confía, los siglos traerán la respuesta, rescata esas deudas del pasado y vislumbrarás ese sol de amanecer, esa paz, esa luz, esa unión en lo espiritual que esperas. (algunas cosas de índole más personal) 

                                                              Paz y Amor  

 

 

NOTA: Existe en el Sinaí el Monasterio de Santa Catalina, en cuyo interior que se visita encuentras el que dicen es un pozo desde los tiempos bíblicos.

     El encontrar ese pozo, su existencia me dio tanta alegría que imaginé cuantísimas veces apoyado en su pretil quizás bebió o descanso este maravilloso ser, pregunté si había o nó agua en él, contestándome que manaba y abundante.

 

     Muy cerca del pozo y siempre en el interior del recinto se halla con un verdor espléndido contrastando con el desierto circundante una planta o zarza espinosa, la cual me pinchó al intentar coger una branquita (aunque no se podía) y me explicaron que han intentado aunque sin éxito y repetidas veces en diferentes lugares del mundo, trasplantar esa zarza, no lo consiguen.

Monasterio Santa Catalina Sinai
Monasterio Santa Catalina Sinai